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PREGÓN FIESTAS SAN AGUSTÍN 2025

Fernanducas, fernanducos, a la paz de Dios

Cómo explicaros lo que siento yo esta noche… Cómo haceros partícipe de la ilusión, alegría y emoción que me suscita subirme hoy a este escenario de la plaza en la víspera de San Agustín.

Jamás pensé en obtener ni merecer distinción tan alta, pues os puedo asegurar que para mí estos últimos días de agosto están marcados a fuego en el corazón del tiempo. Son como un herraje de Víctor y Marín que atraviesan lanzadas de años por una carretera, la del Pantano, que tantas veces crucé en las largas tardes de verano.

Dijo Rilke algo que ya sabíamos, pero sólo él acertó a escribir tan certeramente: “la única patria del hombre es su infancia”. Y aquí estoy, como un chico con zapatos nuevos, igual que el niño sobre la bicicleta que compraba el pan, de la misma forma que por las tardes iba a la bodega de Romualdo a la estación.

Un verano eterno, sin fin, el mayor y más largo mundo de la cálida infancia que vi crecer por tus calles, Fernán Caballero. Hasta el nombre me sobrecogía, porque yo no sabía quién era o qué esperaba ese hombre, Fernán Caballero… Hasta que luego me enteré que no era hombre sino mujer…

O las dos cosas a la vez, asunto este que sería muy moderno y acorde con los tiempos que corren… Pero eso me daba igual… Fue señor antiguo y luego mujer que no pudo vivir en un mundo de hombres… Cecilia Vol de Fhaber, señora de armas tomar y espíritu libre de la época…

El caso es que para un culipardo como yo venir a Fernán Caballero los veranos, navidades, Semanas Santa y fines de semana se convirtió en algo habitual, con lo que crecí dando gracias a Dios de haber puesto el paraíso en la tierra… Porque para mí, tú, Fernán Caballero, eres el paraíso en la tierra.

El pueblo que todo niño ha de vivir y respirar algún día, para más tarde recorrerlo con las sienes del corazón. Me sabes a pan recién hecho, Julián, Domingo, Felipe y Carlos… Y Dominga, la matriarca… A regaliz de tarde a la caída del sol, a calabacín, fruta, hortaliza y patata de la huerta de Arnelio, a la bicicleta de Elías, a las sillas de enea a la puerta de la calle, a tomar el fresco… Esto es importante porque no todo el mundo sabe cómo tomar el fresco y a veces debieran hacerse tutoriales para explicarlo… No vale cualquiera silla, sino una vieja, de enea o de tijera…

Y ya debieran aprender los diputados de España algo de cortesía parlamentaria de cómo se miden los turnos de palabra cuando se toma el fresco… Pero eso lo explicamos otro día… Me sabes a Teresa, Carlos, Jesús, Pilar y Mayte, a calle sin asfaltar de cascos redondos, a rebaños de oveja y cabra que pasaban por mi casa… A Julián, Laureana, Felicina, Isabelo, Paco, Candela y Juani… A Jose en el pantano, donde aguardaba junto a su padre con el botellín más fresquito y la Coca Cola más dulce… Tenía yo ocho años y no iba a empezar a beber cerveza tan pronto… Me sabes a Jemay, la casa que levantó mi padre al principio del pueblo, o al final, depende por dónde se entre… Javier, Eulalio, Mari Prado, Antonia y Yolanda…

Una familia que creció y vivió feliz entre tus calles… Y que se iba hacia el cielo como tus cohetes cuando San Agustín llegaba… Me sabes a pólvora, por supuesto, desde que me crecieron los dientes, ese olor inconfundible del castillo fernanduco, que reconocería hasta en el último lugar del fin del mundo… Ese tan dentro, ese… que me lo llevaré a la caja después de muerto… Me sabes a Antonio, el hombre que enamoró a mi hermana y al que no puedo sino considerar como un segundo padre o el hermano que nunca tuve… A su abuelo, Nogueiro, y toda su estirpe, que vinieron de Galicia e incluso Cuba…

Aquí hendieron las raíces de un amor tan profundo que Diego, mi sobrino, es testigo de ello… Adela, José, Marciana y Mari Jose, el amor entre fernanducos y malagoneros escrito en el tiempo y del que también Claudia es heredera de ello…Me sabe este pueblo a Elena y César, los hermanos Bernal, a los que quiero, admiro, respeto y debo tanto…

Ellos me abrieron la otra puerta del pueblo, la de la adolescencia, cuando la infancia quedaba enredada ya en las cadenas de la bicicleta… Elena fue conmigo al instituto y en cuanto supe que era de Fernán Caballero, me fijé en ella… Me presentó a todos sus amigos y me hizo uno más en aquellos veranos ya de pubertad y adolescencia que todavía duelen cuando recuerdo. El Soriano, Concha, Juanjo, Blanca… Pero sobre todo Elena y César, sus padres, su familia…

Siempre la puerta abierta de su casa para recibir al que llega sin preguntar de dónde ni cómo… Elena, la dulzura en la mirada… César, la inteligencia al volante de la vida… Qué bueno que Dios nos puso en el camino… Francisco y Mari, Ulpiano y Manola, Alejandro, Juana, María… vecinos que siempre estaban y venían por casa a contarnos las cosas del pueblo o de sus vidas… Podría citar seguro a muchos más y hacer un listín telefónico, pero tampoco es el momento.

En realidad, Fernán Caballero, eres para mí aquel Macondo de García Márquez que descubrieron y levantaron los alquimistas y gitanos en Cien años de soledad… Cuando las palabras no tenían nombre y se buscaba término con que designar las cosas… Así te tengo tan dentro, Fernán Caballero…

Por eso, hoy me es tan difícil hablar sin que la emoción me anude la garganta… Porque para mí eres símbolo de lo inefable, de aquello que no puede ser dicho ni explicado porque se lleva en la piel y en la sangre… Cómo estarás de vivo que el pueblo ha seguido caminando en mi vida… Y aunque me hallara lejos, muy lejos, siempre había algo que me volvía a ti… Si algún San Agustín no venía, reverenciaba el día leyendo al más alto padre que tuvo la Iglesia… Ama y haz lo que quieras… Si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si corriges, corrige por amor… Qué alto voltaje de pensamiento y espiritualidad para la Ciudad de Dios que debemos construir cada uno de nosotros por dentro… Porque Agustín fijó la mirada y puso el dedo en la llaga más honda del mensaje de Cristo… El Amor, la verdadera revolución de la Historia, el Amor… Llama de amor viva que dulcemente hieres, llegó a decir San Juan de la Cruz… O ya pudiera yo tener todos los dones del mundo, que si no tengo amor soy como campana que suena o címbalo que retiñe, San Pablo… Fernán Caballero como símbolo de amor, de hacer algo nuevo, de crecer juntos, de un destino común…

Los últimos años me han traído hacia Don Pascual Crespo, al cual he conocido y tratado más y del que siempre aprendo; a Juanma Barroso, por supuesto, compañero de sociedad gastronómica y talentosísimo con un sentido del humor bárbaro… Pero también a Paulino y Victoria, Julia y Pascual, Ismael y Maria Dolores- la obispa, vaya nieto guapo que os ha salido- y, por supuesto, Raquel y Óscar, los mejores vecinos, el fresco de Picón y la generosidad y el altruismo madrileño, de Albacete y la Mancha.

También Paco y Victoria, otros dos grandes fernanducos… San Agustín es el culmen de un curso… Para mí lo fue y está tan vivo, que hace dos años, cuando me hicieron director de Onda Cero en Ciudad Real, vine derecho a encomendarme a él en sus vísperas, tal día como hoy, un 27… Y, cruzamos los dedos, nos ha ido muy bien y renovamos los votos por que así siga siendo… Era domingo y el lunes, cuando tomé posesión de mi puesto en la radio, cité al Santo en su día y a mis jefes y compañeros se les cayeron los palos del sombrajo… Pero después me dieron la razón y volvieron a utilizar esa misma cita tiempo más adelante… Si hasta tenemos ya un Papa agustino, León XIV… Hemos colocado un Papa seguidor de San Agustín en el Vaticano… Alcaldesa, hay que invitarlo al pueblo… Fue entonces cuando me interesé – por pura curiosidad periodística- y pregunté por ella, la nueva alcaldesa.

Mi queridísima y admirada Laura Espinar – enhorabuena por esa jubilación tan brillante, aunque uno jamás se jubila de periodista- me puso en la pista y me dijo que era una chica muy joven e inteligente. Volví a preguntar un domingo por la mañana de orquesta y chiringuito en el pueblo y me dijeron… Mírala, ahí está… Y yo decía, dónde… Pero dónde está… Pero mírala, que es esa ahí está… Una jovencísima muchacha pelirroja, gafitas redondas con más pecas que años y a la que me presenté con todo el cariño y la humildad del mundo… La vi como el avecilla que está sola y desprotegida en mitad de la selva y la sabana… Y quizá por eso empaticé enseguida… Pero de avecilla, nada… He descubierto a una persona brutal, desmedida, enorme… Menuda fiera, leona brava y sabiduría en ciernes…

Apoyadla, porque lleva el pueblo en las venas y es sangre joven, puro corazón y talento despierto …  En el recuerdo, Manolo, siempre Manolo Hondarza, Manolillo, el alcalde del pueblo que se nos murió entre las manos esta Semana Santa… Pasé el Fin de Año con él y quedamos en reescribir el Quijote las veces que hiciera falta… Fíjate siempre en él, Beatriz, que tienes hasta nombre de heroína romántica o cantante de ópera. Y, por cierto, hablando de heroínas… Amenazas, ni una… Ni amenazas ni chantajes… Las urnas son sagradas y no se tocan… Cada cuatro años se revalida y luego hablamos…

Pero eso de chantajear a una alcaldesa libremente elegida por el pueblo, venir y plantarse en su despacho para amenazarla como si nada y luego marcharse con plazos o sentencias, ya pueden largarse por donde han venido quienes tal cosa pretendieron, que aquí hay una mujer valiente, dispuesta y decidida… Alcaldesa, no cedas, que la democracia galopa por nuestros senderos…

Y, por cierto, aquí también déjenme notar y reconocer la labor de David, David Broceño, subdelegado del Gobierno… Vecino del pueblo, está dando la talla en su puesto y labor, que ejerce como Agustín decía, con magisterio y Amor, algo que distingue a las personas inteligentes… David, muchísimas gracias…

Entre todos, hay que apoyar al pueblo, pedir que se le haga justicia, reivindicar lo que nos hace falta… Si estamos todo el día con la cantinela de la España vacía o vaciada, a los pueblos hay que traer servicios, conexión a Internet y gente joven. Pero para eso hay que crear oportunidades… Y apoyar a quienes quieren quedarse aquí… Que aquí se vive bien… Si nos dejan…

Por eso hay que estar con quienes tienen negocios en el pueblo, como Moisés, que crean empleo, riqueza y hacen que otros vengan de fuera. Y hay que apoyar al ayuntamiento y la corporación, con la alcaldesa al frente, para luchar por nuevos proyectos. No podemos dejar que se nos mueran los pueblos. Se nos llena la boca sin hacer nada y es hora de alzar la voz antes de que se nos lleve el tiempo, el agua, el fuego, el olvido o la memoria.

En fin, Fernán Caballero, creo que lo he dicho todo… O al menos todo lo que puede ser dicho por alguien como yo, roto de emoción por dentro… Si mi padre y mi madre me vieran, Cielo Santo… Pensarían que les hubiese merecido la pena, digo yo… El resto lo llevo tatuado, por dentro, como potro desbocado que hiende las venas hacia el corazón y el centro… Como se canta en Los Gavilanes, no importa que el mozo fuerte vuelva viejo/ lo que importa es que ya vuelvo para no marchar jamás. Sin darme cuenta, has sido, Fernán Caballero, la sístole y la diástole de mi mundo, a ritmo callado y lento, como se fraguan las cosas grandes de la vida, en el horizonte, la comisura y los márgenes… Fernán Caballero, siempre has estado ahí, era cuestión de verte… En el último tránsito, hacia el otoño, como cuando el poeta pueda cantar a las medulas que han gloriosamente ardido, llevadme hasta el Pantano y dejad que dore el sol por vez postrera la frente de quien tantas tardes fue sueño, caricia y amor en su ribera. He dicho. Muchas gracias.

Viva Fernán Caballero!

Viva San Agustín Bendito!

Viva España!

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